Castros, museos y tapas con pasaporte marinero

Siguiendo con nuestro recorrido marinero del que tanto estamos disfrutando, llegamos no de casualidad, a uno de los Castros más representativos del litoral, el Castro de Baroña, construido en una península de poca altura y rodeado de dos pequeñas playas de arena blanca que invitan al visitante a darse un chapuzón en sus cristalinas aguas, especialmente cuando el calor aprieta, como ocurrió el día de nuestra visita.

Castro Baroña, Porto do Son

 La visita al castro puede realizarse perfectamente sin necesidad de guías, ya que en el año 2012 fue objeto de una profunda restauración que consiguió devolver al espacio todo su encanto y original grandeza, estando ahora perfectamente señalizado. El Castro se ubica en el municipio de Porto do Son, allí, en el antiguo ayuntamiento se encuentra además el Centro de Interpretación del Castro, por lo que es recomendable realizar una parada en este lugar para poder completar la ruta y comprender mejor las circunstancias de estos poblados de la edad de Hierro y su proceso de romanización.

Playa de Castro Baroña, Porto do Son

 

Como nos chiflan los mercados, pusimos rumbo a Noia, ya que al ser día de mercadillo quisimos mezclarnos con la multitud y recorrer esta encantadora villa marinera. Puestos de frutas, verduras y pescados ocupaban no sólo el espacio de la plaza de abastos, repleta de pescados y mariscos muy frescos, hasta en el exterior, entre las callejuelas que componen parte del casco antiguo, mercaderes y compradores compartían la bulliciosa alegría propia de los días de mercado, lo que hacía que Noia pareciese estar de fiestas.

Mercado al aire libre de Noia

 

En Noia, hay que resaltar también su particular  Museo del Mar, un lugar que alberga una singular colección de elementos relacionados con los oficios del mar, un recorrido que será apreciado por todos aquellos interesados en conocer las peculiaridades de la vida de los hombres del mar que trabajaron embarcados en barcos de todo tipo y que han aportado al museo bienes preciados que constituyen ahora su razón de ser.

Museo do Mar de Noia

Con ganas ya de comer algo,  pusimos rumbo hacia Corrubedo, allí nos esperaba Carlos Brion, uno de los socios de Benboa, un joven proyecto con menos de dos años de vida que sus creadores definen como “proyecto integral que conjuga la gastronomía tradicional gallega con la innovación y puesta en valor de los preciados bienes naturales de la costa gallega”. Este es el segundo año que Benboa participa en Come o Mar, y lo hace no sólo elaborando tapas y menús de alta calidad, también ofrecen una interesante visita guiada por sus instalaciones, con una completa explicación de todo su novedoso proyecto, ubicado en una antigua fábrica de salazón, donde se venden pescados frescos y otros productos gastronómicos procedentes de pequeñas empresas gallegas. La visita continua hasta la cocina de la planta baja, donde se elaboran platos tradicionales que venden también en su tienda online. Como colofón final, la visita a su cetárea de mariscos.

Benboa, Corrubedo

Vanguardia, tradición y espacio natural es la mejor definición que se nos ocurre para este espacio que tanto nos gusta y se merece toda la suerte del mundo para poder continuar su misión durante mucho tiempo, sirviendo de ejemplo e inspiración para otros, que como ellos, apuesten por hacer las cosas con gusto, aunque se trate de fórmulas complejas de sacar adelante, sobre todo por tratarse de lugares apartados, pero no por ello imposible de hacer que funcionen.

Burguer de Pescado, Benboa

Finalizamos en A terraza Chicolino de  Pobra do Caramiñal (también ofrece menús Come o Mar), tomando un frappé en su estupenda terraza con vistas a la playa, no se nos ocurrió nada mejor para rematar esta ruta tan marinera que al lado del mar, ¿dónde si no?

Frappé en Chicolino´s, Pobla do Caramiñal

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